lunes, 5 de mayo de 2008

Hay dos cosas infinitas...

Ese día fue muy sacrificado, luego de mucho esfuerzo, como siempre haciendo al último momento, nos reuníamos para intercambiar nuestro avances, pero para mí el tiempo no fue suficiente y tuve que recurrir, ciertamente, al facilismo, pero lo importante era transmitir lo que había prendido, y si lo hice.

Pero lo peor no había llegado, después de varios días había llegado el momento de saber mi recompensa y la valoración que iba a recibir después de mucho esfuerzo, me sentía muy satisfecho, lleno de orgullo, era mi trabajo, por el cual había recibido varias felicitaciones muestras de reconocimiento. Al momento de recibir esa insignificante muestra de reconocimiento por tanto empeño, era realmente un insulto, sentí pisoteado todo el orgullo que llevaba dentro, nada podía cambiar lo que sentía, estaba molesto que no encontré mejor manera de hacer saber mi enojo tirando por el suelo la muestra que tanto enojo me causaba.

Esta acción despertó tanto asombro en los presentes y más en esa persona que sentía que no valoraba mi empeño. Las dos horas siguientes transcurrieron de forma normal para todos, pero yo nunca las viví.

El momento de enfrentar lo que había hecho tenía que llegar y sabía que iba a recibir recriminaciones por mi actuar y si no fuera suficiente sabía de antemano del castillo que tenía que sufrí. Mi sorpresa llego cuando su actuar fue tan diferente de lo que yo esperaba o me había imaginado, solo recurrió a reconocer mi esfuerzo, sentí que mi enojo no tenía fundamento y solo pedí disculpas.

En ese momento me di cuenta que solo hay dos cosas infinitas en el mundo: el universo y la estupidez humana, desde ese momento se que debo pensar antes de actuar, pero no siempre lo llego a hacer.

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